domingo, 21 de mayo de 2017

TIEMPO EXTRA


PERSPECTIVA SOCIAL  DEL BALONCESTO


“Particularmente impresionante resulta la frase del filósofo persa del siglo XII Omar Kheyan cuando se refiere al hombre: Tú eres un balón con el que juega el destino, y Dios, que juega con balones sin voluntad, tira desde hace 1.000 años a la canasta" (Tomado de http://www.monografias.com/trabajos20/baloncesto/baloncesto.shtml).

Lo particular de este deporte de conjunto es la posibilidad de desarrollar la mente de quien lo practica.  El jugador requiere de visión periférica para observar todo lo que se mueve a su alrededor, de creatividad para llegar hasta la cesta contraria y convertir, de un gran control para soltar o no un balón, de inteligencia para hacer un pase,  un amague,  un lanzamiento, un doble ritmo.  Ejecuciones que deben tomarse muchas veces en fracciones de  segundos con el fin de optimizar la oportunidad que te dá el rival. 

Este deporte es social por naturaleza, te brinda la posibilidad de hacer alianzas que le permitan al grupo ser más efectivos a la hora de sumar puntos.  El trabajo en equipo revindica su condición de juego cooperativo, su opción de “juntarse” es lo que garantiza  que se puedan hacer triangulos defensivos o  que un corredor corra en circulos y luego en linea recta o tal vez lo haga en zig zag  no hay formulas para el artista, para el inventor de opciones, sólo hay una regla convertir puntos.

Sobre la historia del baloncesto recordemos al  profesor canadiense  Naismith, titulado en teología, medicina y psicología y que trabajaba en varias universidades en EE.UU., al que se le pidió que se inventara un deporte para la época de invierno: “buscaba un juego que sus alumnos pudieran practicar bajo techo, en el gimnasio, durante los duros inviernos de Massachusetts.  Así, el profesor recordó un antiguo juego de su infancia, el "duck-on-a-rock" (El Pato en la Roca), que consistía en intentar alcanzar un objeto colocado sobre una roca lanzándole una piedra.  Naismith analizó los deportes que se practicaban entonces, en los que predominaba la fuerza o el contacto físico, y pensó en algo que requiriese más destreza que fuerza y que no tuviese contactos físicos”.

La agresividad canalizada en pasión, la tribuna que admira la velocidad, el desplante, el pase preciso, la cesta correcta.  Es un juego en el que se esquiva el contacto, es un deporte de gente grande, de estatura y de corazón.   El pequeño se escurre por entre los ombligos de los gigantes y en el último aliento entrega a su compañero, grande también, para meterla a lo profundo de la red.

La  variedad de movimientos, fintas, contorsiones, paradas, arranconazos, son un mar de posibilidades que debe administrar un baloncetista con el fin de tomar la mejor decisión y éstas situaciones hacen hombres recursivos, imaginativos y seguros a la hora de hacer realidad un propósito.

Cuerpo y alma todo en un solo movimiento, en un tiro que puede definir un partido.  El deporte más espectacular por segundo jugado.  El espacio en que el engaño tiene forma de balon y el juego adquiere sentido  cuando escondes una intención y terminas haciendo  lo imposible...     
  
Sentirse inmerso en un contexto,  en medio de  gente que te observa y analiza, de manos  que te quieren quitar lo que tienes, de hombres que miran tus debilidades y fortalezas, pero también de amigos que esperan tu decisión para apoyarte y concluir la jugada.  No hay tiempo que perder el balón es el bien más preciado en un partido, es el capital que más rendimientos te puede dar o que te puede dejar sin aliento y sin puntos.

El sacrificio, la disciplina, la fuerza, la habilidad y la destreza conviven en el jugador de baloncesto original.

Driblar sin compromiso, vivir por si acaso o alcanzar los sueños, brillar, aprovechar el tiempo e invertir en cestas para recoger frutos…

Olvivero Pinillos García
Mayo de 2017


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